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Zona Rosa
La llamada Zona Rosa ha sido durante más de veinte años
un barrio bien acondicionado para hospedarse, pasear e ir de compras.
Situado entre el Centro Histórico y la zona del parque de Chapultepec,
la Zona Rosa es un punto enstratégico no sólo para el
paseante, sino también si se tienen negocios en la Ciudad de
México, ya que es atravezada por el Paseo de la Reforma, eje
financiero y comercial de la ciudad.
El año
de 1967, marcado por la inquietud de la década, tocó
a una parte de la Colonia Juárez ser denominada Zona Rosa:
ni roja ni blanca, pero sí bohemia y recién estrenada
para el culto a la juventud. Sus elegantes recintos habían
heredado el oropel de otros tiempos en que los nombres de sus calles
eran efectivamente un transplante de la vieja Europa.
A fines del siglo XIX la ciudad de México parecía
aburrirse de las añejas construcciones de la capital colonial
ya considerada anticuada. Por ello las familias enriquecidas por
la Pax Porifiriana decidieron “colonizar” junto con los inmigrantes
extranjeros y diplomáticos, las tierras vírgenes del
Poniente. Aprovechando el curso del Paseo de la Reforma, la avenida
de los Insurgentes y el Paseo de Bucareli, se trazó la Colonia
Americana formando un alargado triángulo cuyas calles cambiaron
la tradicional orientación Norte-Sur por la diagonal.
Nombrada con las capitales europeas para fungir como zona residencial,
la nueva preocupación de sus habitantes era el confort,
sustentado en las cuantiosas ganancias de la especulación
de la tierra, la explotación de las haciendas del interior,
minas, bancos, pozos petroleros y ferrocarriles usufructuados por
compañías extranjeras. La Colonia Americana tenía
que se francesa en su aspecto, así que se cubre de mansardas
para protegerse de una nieve que casi jamás caería
y a sus habitantes vestirse con una moda prolija en prendas de climas
septentrionales.
En pocos años la colonia Americana cambió su nombre
por la de Juárez y Cuauhtémoc, para disimular un poco
el constante aumento de precio de los predios, que en el caso del
Paseo de la Reforma pasó de 50 centavos en 1872 a $25 pesos
en 1903. Esto, sin embargo no preocupaba mucho a sus habitantes
quienes encontraron una forma distinta de emplear el tiempo gracias
a la luz eléctrica (luminoso representante de la modernidad)
que permitió inaugurar el dulce hábito de desvelarse.
Para darle forma llegó de París la costumbre de salir
al Café, sinónimo de la conversación y el galanteo.
Para efectos similares, pero de corte íntimo las mansiones
se aderezaron con recibidores, salones y halls que ambientaron
el decoro siempre buscado por las familias de prestigio.
Pero para pretender ser aristócrata no bastaba con ello,
en un país cuya nota general es la pobreza había que
elevarse sobre la plebe por medio de rejas, amplias escalinatas,
pisos elevados sobre sótanos, balaustradas y altos ventanales.
Este alejamiento también se manifestó en la decoración
--proclive a lo francés-- en especial al barroco de los Luises
XIII, XIV y XV: mascarones, guirnaldas, coronas y todo tipo de aplicaciones
florales. En el exterior se suprimió al tezontle y se ennobleció
a la cantera y los mármoles; en los interiores predominaban
los tonos pasteles y detalles dorados del París pre-revolucionario.
Educados en Europa, los arquitectos mexicanos proyectaron estas
casas de concepción ecléctica. Una de las más
notables es la localizada en Londres No.10, del Arquitecto Antonio
Rivas Mercado (diseñador también del monumento a la
Independencia), hoy convertida en el Museo de Cera de la ciudad.
Más de estas casas pueden verse en la parte Oriente de la
Colonia y unas pocas a lo largo del Paseo de la Reforma.
Este enclave internacional que a fuerza de fomentar un progreso
de corte liberal, racista y acumulativo gestaba su propia destrucción.
Calles como Londres o Florencia que aparecían casi idénticas
a las vialidades europeas hoy son casi irreconocibles para quien
las transitara en 1910. La lucha revolucionaria dejó en el
abandono innumerables casas. Otras, como la perteneciente a Francisco
I. Madero fueron incendiadas por la furia del golpe militar de 1913.
Aunque en otros puntos de la ciudad, como la Colonia Roma siguieron
construyéndose mansiones porfirianas hasta 1920, el nacionalismo
revolucionario trajo al sitio edificios notables como la Secretaría
de Salubridad en 1929. A este edificio le sucedió el del
Instituto Mexicano del Seguro Social en 1951, año que inaugura
una sucesión vertiginosa de cambios orientados a transformar
el pausado ritmo residencial en el bullicioso centro de negocios,
comercial, social y turístico.
La década de los años 60 contempló la inauguración
de librerías y galerías de arte que permitieron el
tránsito de artistas e intelectuales como José Luis
Cuevas, Guadalupe Amor, Manuel Felguérez o Lilia Carrillo
entregados a las nuevas corrientes internacionalistas e intimistas.
Tanto el gran público como visitantes extranjeros percibieron
el atractivo cosmopolita de la Zona Rosa que propició la
construcción de hoteles e inauguración de restaurantes,
mercados de artesanías, antigüedades y centros nocturnos,
no siempre respetuosos del buen gusto.
Hoy la Zona sigue transformándose: boutiques, restaurantes,
bares y discotecas han acentuado el deambular de todos los grupos
sociales con encontrados fines de supervivencia o recreo. Es así
como limosneros, carriers de discoteca, juniors, paseantes
extranjeros, fauna nocturna, reventados, niños drogados,
señoras de compras y hombres de negocios mezclan a cualquier
hora los colores de adoquines, muros y salones para obtener esa
deseada Vida en Rosa.

[Visitas guiadas]
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2. Fuente de Diana
3. Iglesia del Santo Niño
4. Arcos del Acueducto
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6. Museo de Cera
7. Iglesia del Sagrado Corazón
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