Español | English | Site Map | Help

 
 

Información para conocer y disfrutar los atractivos de ésta ciudad.
Eventos y actividades para una estancia de descanso o de negocios.

 
 

 
 

   

Ciudad Celestial (1620-1692)

Mapa de G—mez de Trasmonte (1628)

Caballería en el Nuevo Mundo

La ciudad de México a principios del siglo XVII vibraba de actividad: edificaciones, procesiones, duelos, elegantes mujeres aficionadas a los naipes; mulatas lascivas y altivos negros, unos pocos mestizos; españoles ricos y licenciosos que para lavar sus pecados efectuaban generosas donaciones a iglesias y conventos; religiosos que gozaban de libertades poco usadas en Europa, y sobre todo el abombado y espléndido tren de vida de la nobleza, establecida el siglo anterior.

El teatro comenzaba a representarse en la calle de Jesús y en San Juan de Letrán, aunque la gente prefería los paseos por la pequeña “Alameda”, las mascaradas, las corridas de toros y las romerías. Iglesia y gobierno centraban y acompasaban estas actividades, que en ocasiones se volcaba en revueltas, como la patrocinada por el arzobispo don Juan Pérez de la Cerna y el virrey marqués de Gélvez en 1624.

Sin embargo, en 1629 comenzaron una serie de fuertes lluvias que elevaron las aguas del lago hasta ahogar la ciudad: muchos edificios perdieron su uso, otros se arruinaron, miles de personas quedaron sin casa. Se calcula que para 1634 habían muerto de hambre, enfermedad y tristeza más de 30 000 indígenas. Ni siquiera el abarradón de San Lázaro pudo contener las aguas que, metidas a las calles, multiplicaron los canales. Para auxiliar a tan sufrida urbe se invocaron a las más eficaces fuerzas celestiales: la Virgen de Guadalupe y la Virgen de los Remedios veneradas por indios y españoles, respectivamente. Otros, con mayor ánimo, emprendieron los caminos de la plata que en el Norte del virreinato se extendían inmensos.

 

Ritmos fugados

Poco a poco la ciudad se fué reponiendo para darse cuenta que los tiempos traían un aire distinto. En 1645, tras solemne acto se inaugura la nueva cúpula del convento de la Concepción, el más grande y poblado de la capital. Se reestablecieron las clases en la Universidad, el teatro, la fragua de los plateros y las labores de cordobanes, herreros y comerciantes establecidos en los “caxones” de la Plaza Mayor, así como los puestos de hierbas y frutas de los indios.

La nueva Catedral , que se había comenzado en 1615 tiene nuevas capillas, bóvedas y su torre derecha. En la segunda mitad del siglo se estrenan el altar del perdón, el coro, los púlpitos, puertas labradas y las portadas exteriores. Cada capilla tenía una devoción particular, sustentada por los fieles y fomentada por gremios y cofradías. La ornamentación de los altares y pinturas de la Sacristía (Cristóbal de Villalpando y Juan Correa) llenan el templo no menos que la música y la poesía compuesta ex-profeso para las ceremonias.

El Palacio Real es habitado por virreyes de todo tipo y hasta por arzobispos que como el ilustre don Juan de Palafox y Mendoza ocuparan dicho cargo. Entre los virreyes también destacó el marqués de Mancera, protector de Juana de Asbaje. Esta mujer, cuyas dotes poéticas y fina sensibilidad produjeron páginas hoy clásicas que reflejan una vida emocionante en la que los asuntos mundanos y religiosos llegan a confundirse.

Oración y dones
La ciudad se dividía en barrios y parroquias que en un peculiar apartheid estaban destinadas a criollos y españoles (El Sagrario, Santa Catarina, Santa Veracruz y San Miguel) e indios (San José de los Naturales, Tlaltelolco, San Pablo, San Sebastián, etc.) según su ubicación. Lo mismo sucedía en colegios, hospitales y conventos.

En torno a estos últimos giraba gran parte de la vida espiritual, social y económica de la ciudad. Entre ellos destaca el de San Francisco, enorme y complejo; Santo Domingo con su capilla del Rosario y su claustro de arcos invertidos. Otros conventos de frailes no menos importantes fueron: La Merced, El Carmen, San Pedro y San Pablo.

Una ciudad volcada a la oración y a la edificación tuvo su más refinado exponente en los conventos de monjas: tras emotiva ceremonia en la que profesaba una novicia, ésta ingresaba coronada por una de las puertas de la iglesia del convento para nunca más regresar al mundo. En el interior ella encontraba un microcosmos regulado por el misticismo y una vida cotidiana con todos sus matices.

Más fastuosos aún fueron las fundaciones de estos conventos, entre las que destacaron las derivadas del convento de la Concepción, las de franciscanas, dominicas, jerónimas y el de la orden del Carmen. Edificios que se tallan en un barroco sobrio que no conforme con ello se enriquece en retablos que a su vez se repiten en piedra de cantera sobre las portadas.

El siglo transcurre entre noticias de los reyes españoles, la llegada de la flota real, la nao de China, fundaciones de ciudades en la lejana California, la llegada de viajeros, Autos de Fe y nombramientos. Hacia el fin del siglo la sequía es severa y los alimentos escasean. El 8 de junio de 1692 un motín de hambre y odio rompe las puertas del Palacio virreinal, provocando un incendio que llegó hasta la Audiencia y los Caxones. Los atropellos, el efímero botín y la cruel represión también alimentaron la pluma de don Carlos de Sigüenza y Góngora, otro de los hombres ilustres del siglo XVII.

Siglo XVIII

Publicaciones impresas

De la Maza, Francisco
La ciudad de Mèxico en el siglo XVII
Lecturas Mexicanas No. 95
SEP, México 1985

Rivera Cambas, Manuel
México pintoresco, artístico y monumental
3 vols. Editorial Valle de México

 

 

Guia Virtual de la Ciudad de Mexico

 

 

 

 

Guia Virtual de la Ciudad de Mexico