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Ciudad de las entrañas
(1500 a. C.-1519 d.C.)
Valle y laguna
La zona central del altiplano mexicano
ha sido habitada desde hace 20 000 años, como lo demuestran los restos encontrados
en Tlapacoya y Tepexpan, aunque la principal vertiente de la civilización
mesoamericana provino de la región del Golfo de México, conocida con
el nombre genérico de olmeca.
Dentro del Valle de México destacan los restos encontrados en Tlatilco, fechados
entre el 1500 a.C. y el 500 a.C. Es probable que las figurillas encontradas en ese
lugar formaran parte de entierros. En general son representaciones de mujeres con
modelos comunes y rasgos realistas muy delicados. También se han recuperado
vasijas zoomorfas, sellos y otras figuras de tipo olmeca. En suma puede decirse que
estos objetos fueron dedicados a un culto a los muertos que permaneció durante
la época prehispánica y ha infuido incluso en algunas de sus manifestaciones
contemporáneas.

Máscara de Tlatilco
Otros pueblos fueron asentándose en las fértiles orillas de los lagos.
Practicaban una incipiente agricultura y complementaban su dieta con peces y anfibios
de la laguna; insectos y mamíferos de los bosques cercanos. Algunos de los
centros ceremoniales más destacados entre el año 500 a.C. y el primer
siglo de nuestra era fueron Copilco, Tetelpan y Cuicuilco.
Este último destacado por la pirámide circular cubierta por la erupción
del volcán Xitle en el siglo I.

Vasija con motivo de Tláloc
El reinado de la serpiente
Entre el año 100 y el 900 de
nuestra era florecieron en el área central de Mesoamérica diversas
culturas y asentamientos que poco a poco fueron dominados por la ciudad de Teotihuacán
(a 50 km al NE de la Ciudad de México). En esta época se consolidó
una estratificación social y una extraordinaria planificación urbana
con reglas arquitectónicas definidas y artes ligadas al complejo culto religioso
y la vida cotidiana. Estas sociedades basaron su desarrollo en una agricultura planificada,
comercio internacional y apoyo militar.
Sin embargo, entre los años 650 y 900 la ciudad pierde prominencia y cede
su lugar a otras tales como Xochicalco, Cacaxtla y Cholula. El sitio hegemónico
de corte imperialista que tuvo Teotihuacán es retomado por los Toltecas cuya
cultura trascendió a las vicisitudes militares y los cambios políticos
que llevaron a la caída de la ciudad de Tula en 1168. Son ahora grupos nahuas
provenientes del Norte quienes establecen los reinos acolhua, chichimeca y tepaneca,
dominantes en la zona de los valles centrales y los lagos. El legado tolteca es asimilado
y desarrollado por estos grupos quienes fundan Tenayuca, Texcoco
y Tlacopan.
La llegada del colibrí
Es hasta el siglo XIII cuando llega
a la zona, proveniente de Aztlán (sitio tal vez mítico) el grupo mexica
cuyo dios tutelar Huizilopochtli (Zurdo Colibrí) representa un carácter
austero y guerrero. Conducidos por el sacerdote Tenoch, luchan contra los pueblos
establecidos para conseguir un sitio en las riveras de los lagos. Hacia 1299 se establecen
en Chapultepec, lugar privilegiado por su posición
estratégica y recursos naturales, pero son expulsados por los Acohuas hacia
un islote en el lago.
Es allí donde concluye la peregrinación secular de los mexicas; la
señal para ello fue la visión de un águila devorando una serpiente
sobre una planta de nopal que crecía sobre un islote. Fue así como
se funda la ciudad de México-Tenochtitlan el 8 de junio de 1325.
La intensa actividad de los mexicas y el contacto con diversos pueblos de la región
les permitió asimilar diversos conocimientos y expresiones culturales. En
un período de tan sólo doscientos años lograron someter a pueblos
vecinos, construir una ciudad extraordinaria y llevar su presencia a lugares tan
lejanos como el Soconusco (Sur de Chiapas). Esta expansión se logró
bajo la dirección de insignes gobernantes como Izcóatl, Moctezuma I,
Axayácatl, Tizoc, Ahuizótl y Moctezuma II, de los disciplinados grupos
de guerreros-águila y guerreros-jaguar y de los hábiles comerciantes.
Hoy pueden verse esculpidas en piedra o pintadas en códices los nombres de
muchos pueblos sometidos a tributo por los mexicas.
El recuerdo de Aztlán (ciudad-isla) es ampliado y consolidado empleando los
antiguos modelos de Teotihuacan y Tula: orientación
astronómica de los ejes de la ciudad y un recinto ceremonial al centro. Este
complejo estaba delimitado por un muro (coatepantli) dentro del cual se encontraban
los principales edificios.

Piedra del Sol
Museo de Antropología
Prodigio americano
El Templo Mayor era una doble pirámide
dedicada a los dioses Tláloc (dios del agua y la lluvia, base del ciclo agrícola)
y Huitzilopochtli (dios de la guerra, patrocinador de conquistas y tributos). Otros
templos notables eran los dedicados a Quetzalcóatl (héroe-dios portador
de la civilización) y Tezcatlipoca (dios que hace y cambia las cosas y los
destinos) o el templo de Ehécatl (dios del viento). También se encontraban
los recintos sacerdotales y los colegios para nobles como el Calmécac (sacerdotal)
y el Telpochcalli (guerreros). El Templo Mayor representaba no sólo la marca
visible de un vasto conjunto sino el centro cósmico de un universo que requería
de sacrificios humanos para mantenerlo.
La pequeña isla, ampliada mediate un sistema de relleno y parcela llamado
chinampa, daba origen a pequeños canales que servían a gran número
de casas, palacios, templos, un zoológico completísimo, plazas, mercados
y acueductos. Toda esta infraestructura contenía una organización social
y política organizada en Calpulli (comunidades productivas) reunidos en parcialidades:
Azacoalco (NE), Zoquipan (SE), Moyotla (SO) y Cuepopan (NO).
Ecología olvidada
La ciudad mantenía una intensa
relación con el resto del valle mediante enormes calzadas de puentes y represas:
hacia el poniente la de Tlacopan, hacia el sur la de Xochimilco
y hacia el norte la de Tepeyacac, así como bulliciosos embarcaderos. El tráfico
de productos que llegaban a la ciudad por canoa y carga humana llenaban los tiangüis
(mercados), que en el caso de Tlaltelolco ofrecía toda clase de productos.
Los lagos, que recibían cargas de agua dulce y salobre no permitían
el consumo humano de agua potable, por lo que los mexicas emprendieron la construcción
de un acueducto que traía el líquido de los manantiales de Chapultepec.
Para contener el ascenso de las aguas se construyó un dique para las provenientes
del lago de Texcoco.
La ciudad e México-Tenochtitlan y el conjunto de pueblos del Valle mantenían
una vez más la relación simbiótica entre el mundo rural y el
urbano que se fue definiendo desde los olmecas y establece su carácter hasta
nuestros días. Para 1519 la ciudad poseía el refinamiento y la magnificencia
de las más importantes urbes del mundo. No obstante, no deja de asombrarnos
cada vez que, por azar o necesidad, surge alguno de sus fragmentos de las entrañas
de la actual Ciudad de México.
Ciudad épica (1519-1620)
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Consulte también:
Bernal, Ignacio
Tenochtitlan en una isla
Lecturas Mexicanas No. 64
SEP, FCE, México 1984. |
Matos Moctezuma, Eduardo
Obras Maestras del Templo Mayor
Fomento Cultural Banamex, A.C., 1988. |
Reyes, Alfonso
Visión de Anáhuac
Índice, Madrid 1972. |
[CENTRO]
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