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Calle de Moneda
Partiendo del Zócalo, flanqueando el Palacio
Nacional hacia el Oriente, corre la calle de Moneda, una de las más antiguas
de la ciudad. Su tradición se haya ligada a la acuñación del
circulante, al establecimiento de la primera imprenta en América y la construcción
de la sede del Arzobispado. Como hombres prominentes, los arzobispos promovieron
la edición de libros y la construcción de conventos, que engrandecieron
la vida espiritual de la capital de la nueva España. Uno de los más
estrictos en esta materia fue el de Santa Teresa, hoy dedicado a las artes bajo sus
bóvedas decoradas con valiosos murales.
La construcción de estos edificios se sustentaba en las riquezas provenientes
de las minas coloniales y convertido en monedas que circulaban de Filipinas hasta
más allá de los Pirineos. Esta vocación universalista tiene
su signo en un pequeño pero nutrido museo
dedicado a las culturas del mundo ubicado en la antigua Casa de Moneda.
Toda ciudad tiende a la renovación y en esta calle transitamos por los
siglos con gran facilidad. Muestra de ello es el monumento que albergó
a la Academia de San Carlos cuyo espíritu
renovador trastocó los amados gustos barrocos de los novohispanos agregando
aún mayor contraste a la ciudad. Y si de contrastes hablamos, el museo José
Luis Cuevas es singular ejemplo: exaltación profana entre los recatados muros
del ex-convento de Santa Inés.
Empequeñecida por la distancia, al fondo de la calle surge del subsuelo la
torre y fachada estípite de la Santísima Trinidad. Esta joya de labor
en piedra se hermana con la del Sagrario pero
mira hacia un espacio más íntimo.
Por fortuna la calle no termina en este punto, sino que se abre paso entre puestos
de todo tipo de mercancías anunciando ya el barrio
de la Merced.
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