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Castillo de Chapultepec
La tradición del castillo de Chapultepec como residencia de los mandatarios
mexicanos se remonta al siglo XIV, cuando el Moctezuma Ilhuicamina manda construir
obras hidráulicas en torno a los manantiales del lugar. La cercanía
del sitio con el lago permitió el crecimiento de corpulentos ahuehuetes
(sabinos), algunos de los cuales perduran hasta hoy.
Dentro de la cuenca de México
destaca, al Poniente, un pequeño cerro cuya elevación es
de 23° sobre la Plaza Mayor de la Ciudad de México. Su posición
estratégica y disponibilidad de recursos naturales lo hicieron
atractivo para grupos Teotihuacanos, Toltecas y Tepanecas en el siglo
XII. Hacia 1245 llegaron los Mexicas otorgándole su nombre actual
y habitándolo hasta 1280 cuando fue fundada Tenochtitlan.
Hay que tomar en cuenta que para los pueblos indígenas los cerros son sitios
sagrados, por lo que en la cumbre los mexicas establecieron un templo a Huitzilopochtli,
mientras que en las faldas, Moctezuma II engrandeció la residencia de recreo
de los tlatoani, reserva ecológica y proveeduría de agua potable para
Tenochtitlan a través de un notable acueducto.
Después de la Conquista española Hernán
Cortés tomó a Chapultepec dentro de sus bienes y sirvió de coto
de caza del virrey de Velasco, pero en 1530 pasó a formar propiedad del ayuntamiento
como un parque público y se iniciaron obras de reconstrucción del acueducto
para dar vida a la naciente capital novohispana.
Con el fin de mantener el caracter religioso del cerro se mandó
construir una ermita en la cumbre, dependiente de la parroquia de San
Miguel, poblado situado al sur del cerro. Durante la gestión de
los virreyes Matías y Bernardo de Gálvez se inició
el proyecto de construcción de una fortaleza militar, fue suspendido
por la Corona desde Madrid pero reiniciado hacia finales del siglo XVIII
con los planos del ingeniero Miguel Constanzó siguiendo las lineas
neoclásicas. Con ese carácter fue considerado patrimonio
nacional por el presidente Guadalupe Victoria, convertida en cuartel de
enseñanza militar en 1841.
Este colegio estuvo destinado a formar oficiales de todas las ramas castrenses, contando
con un promedio de doscientos alumnos cuya enseñanza duraba siete años,
abarcando un amplio rango de materias.
Sin embargo, la inestabilidad de la República de mediados del
siglo, debida a cuartelazos, crisis econ&oacut
e;micas, divisiones políticas
y a la ambigua actuación del general Antonio López de Santa
Ana, propiciaron que en 1847 los Estados Unidos invadieran el país,
llegando a la capital en agosto.
Tras haber ganado las batallas de
Churubusco
y Padierna las fuerzas del general Scott tomaron la plaza del Colegio
Militar el dia 13 de septiembre, defendido por el batallón
de San Patricio y unos cuantos cadetes que han pasado a la historia
con el nombre de Niños Héroes.
Una nueva invasión, esta vez proveniente de Francia cambia la fisonomía
de Chapultepec al iniciarse la construcción del Palacio Imperial de Maximiliano
de Habsburgo y el trazo de un Paseo para unir al Castillo con la Ciudad de
México. Al edificio se le agregó el segundo cuerpo de la fachada, y
se proyectaron adaptaciones para convertirlo en residencia palaciega con los planos
encargados a Francia en los que se incluía el Alcázar.
Época de oro
Con la restauración de la República, el Castillo se destinó
a residencia presidencial durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada
(Benito Juárez prefirió habitar en Palacio Nacional, como gesto de
austeridad).
La época de oro del Castillo fue, sin embargo durante los gobiernos de Porfirio
Díaz. El general, que irónicamente liberó a la ciudad de las
fuerzas conservadoras del Segundo Imperio, logró establecer en Chapultepec
el boato que Maximiliano y Carlota nunca disfrutaron, decorando sus interiores con
lujo europeizante. Es aquí donde el Presidente Díaz tuvo la trascendental
entrevista con el periodista norteamericano Creelman que dejó entreabiertas
las rejas labradas del Castillo al movimiento revolucionario en 1910.
Los primeros gobernantes posrevolucionarios mantuvieron su rango y protegieron su
vida habitando el Castillo. El más notable de ellos fue Plutarco Elías
Calles quien concibió instituciones y tramas políticas desde su despacho.
Con la llegada del gobierno de Lázaro Cárdenas la sede presidencial
deja la cumbre del cerro en 1939 para establecerse en el cercano Molino del Rey en
la zona llamada Los Pinos.
A partir de entonces (1944), se establece el
Museo
Nacional de Historia que reúne importantes documentos y piezas
significativas del desarrollo del país desde la Conquista hasta la
Revolución. En el Alcázar se pueden recorrer las habitaciones
presidenciales y admirar una vista magnífica de la ciudad de México.
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