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Calles
del centro
Muchas
calles del centro la ciudad de México han adquirido fama o reúnen un
carácter peculiar: algunas fueron asiento de gremios artesanales, de
ilustres moradores o siguieron el trazo de una calzada prehispánica
transformada en colonial paseo.
Algunas
calles poseen leyendas propias, otras fueron abiertas por la fuerza de
la modernidad y recompuestas al gusto de la época. Todas invitan a tomar
callejones y bocacalles, pero siguiendo su trayectoria se pueden ir
descubriendo magníficos edificios, otrora
conventos de frailes y
monjas que dieron a la capital brillo, santidad y proveyeron de las
delicias culinarias que los modernos restaurantes atesoran y
reinterpretan.
La
calle de Moneda, nombrada así por que
allí se encontraba la antigua Casa de Moneda de México. Sigue la misma
dirección que de la calle Soledad, y en su trayecto se acompaña de
magníficos edificios, museos y monumentos religiosos de primer orden
como el Palacio del Ex-arzobispado, el Museo de las Culturas, las casas
del mayorazgo de Guerrero, la Iglesia de Santa Inés y su claustro
convertido en museo José Luis Cuevas y La Academia de San Carlos.
De nombre
prehispánico, la calle de Tacuba ha sido escenario de
fastuosas procesiones y celebrado la entrada de emperadores, profesión
de monjas y la construcción de algunos de los palacios donde sin duda el
chocolate se
enseñoreaba de las almas más débiles.
Por la calle
de Francisco I. Madero desfilaron las más exquisitas
damas, ataviadas con joyas y sedas. Este escenario de la ostentación dio
la nota a uno de los conjuntos religiosos más grande y lujoso de
América: la casa de los franciscanos. Hoy es
posible visitar también el templo expiatorio de San Felipe Neri, el
llamado Palacio de Iturbide, la iglesia jesuita de La Profesa, los
magníficos edificios comerciales y joyerías que desembocan en la Plaza
Mayor.
El nombre de
Isabel la Católica evoca el linaje de los nobles que la
habitaron, dejando sus palacios para la memoria y el goce no sólo de la
vista, sino también del paladar. No sin motivo
los reyes españoles han sido recibidos en el Casino Español. Usted
también puede visitar la casa de los Condes de San Mateo Valparaíso o
asomarse a la antigua Biblioteca Nacional.
La Avenida
Pino Suárez emprende el camino del sur, marcando el sitio donde
Cortés y Moctezuma tuvieron su histórico encuentro. A partir de ese
siglo se establecieron edificios e instituciones a las que todavía
podemos asistir, cosa única en una ciudad que ha muerto y renacido
varias veces. Inicia en la Suprema Corte de Justicia, seguida de
agradables cantinas y el majestuoso Palacio de los Condes de Santiago
para diluirse en su infinita actividad comercial.
Si pregunta por un
camino de poética virtud, San Miguel, San
Jerónimo, la Virgen y San Benito le indicarían seguramente que en la
calle de San Jerónimo de la Ciudad de México se
encuentra una de sus claves, oculta entre espesos muros y libros.
El ejercicio
de la memoria acompañado de la caminata puede ser un nuevo y estimulante
deporte, que en la calle de Puente de Alvarado
tiene más estímulos que de obstáculos, hechos de edificios espléndidos
y colecciones de arte.
Borde de la antigua ciudad, la hoy avenida
Eje Central fue denominada Calzada del Niño Perdido. Hoy
atravieza la ciudad de norte a sur y en su paso por el centro se llena
de bullicio comercial. En el cruce de la avenida Arcos de Belen crea los
monumentos gemelos de la fuente y la iglesia del Salto del Agua. No
lejos de alí se encuentra la mole de tezontle y cantera del colegio de
las Vizcaínas, con su capilla oculta. Siguiendo hacia el norte pasará la
inimaginable Plaza de la Computación, la Churrería del Moro, la librería
de la Ciudad de México. En el cruce de Francisco I. Madero se encuentra
la dominante Torre Latinoamericana, mirador obligado del espacio abierto
del Palacio de Bellas Artes.
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