Sin
saberlo, el espacio sagrado del Calmécatl en el Templo Mayor sería
vecino de uno de los colegios que dieron brillo a la cultura novohispana y recibieron
entre sus aulas a cientos de mexicanos ilustres: la Escuela Nacional Preparatoria.
Nos referimos al barrio universitario, zona de antiguos
colegios de la zona Noreste de la vieja ciudad. Sus altas ventanas hoy iluminan
exposiciones itinerantes, murales y centros culturales de gran prestigio.
Con cúpulas
de mosaico, el templo de Balvanera nos recuerda el esplendor de una vida
conventual hoy desaparecida. De igual forma, el culterano convento de mercedarios
contrasta con el carácter popular del Barrio de La Merced. Ahí
quedan vestigios de uno de los antiguos canales de agua, vía que hoy se inunda
con los numerosos comercios donde es posible encontrar casi de todo. En especial
si recorre el mercado y calles aledañas. En medio
de la calle de Manzanares se encuentra una capilla en miniatura, obra del ingenio
que tienen sus habitantes para brincarse las normas habituales, así que tenga
cuidado.
San Pablo fue una
de las áreas del sur de la ciudad más habitadas por indígenas,
hoy es una zona industrial y comercial. La iglesia de San Pablo el viejo con su histórico
colegio, que nos remite a los inicios
de la ciudad, hoy convertido en hospital. De gran interés resulta visitar
la fábrica de vidrio de Carretones y el Mercado de Sonora, donde pueden adquirise
todo tipo de artículos esotéricos, hierbas, insólitos aromas
y extraños objetos.
El Barrio
de San Juan se ha transformado radicalmente en su fisonomía: hoy salpicada
de vetustos edificios Art Decò, pero nos permite encontrar varios mercados
y restaurantes con sazones que envidiaría el emperador Carlos V. En efecto,
en unas cuantas calles se reúnen mercados culinarios
y de artesanías; Oriente y Occidente; el barrio chino y cantinas mexicanas.