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Santuario de Guadalupe
Al norte del valle de México un macizo montañoso penetra dividiendo
Naucalpan y Cuautitlán para terminar en el cerro del Tepeyac. Los mexicas
notaron esta peculiaridad orográfica nombrándola Tepeyacac “Nariz
del cerro” y estableciendo un adoratorio a Tonanzin, diosa madre.
La Villa de Guadalupe, pese a su deterioro sigue siendo un lugar que atrae
a miles de visitantes, creyentes o no. ¿Qué es lo que genera este fenómeno?
Los caminos convergen
Los centros de peregrinación suelen reunir características especiales
como la presencia de cerros, cuevas, manantiales y por supuesto un hecho sobrenatural
a partir del cual se va construllendo el mito, la devoción y la mística
del lugar.
En México existen varios de estos sitios cuya visita nos enlaza a la madre
tierra y al principio del mundo. Así, sitios privilegiados como Chalma, Atotonilco,
Tonanzintla, el Cerro de la Estrella y la Basílica de Guadalupe siguen teniendo
el imán irresistible del festejo. Este sitio, cercano a México-Tenochtitlan
fue unido con la ciudad mediante una calzada con dirección norte-sur, que
al igual que las de Tlacopan e Iztapalapa era doble, con un canal al centro y poseía
puentes removibles.
En tiempos coloniales esta calzada recibió el nombre de Santa Ana, misma que
parte de Tlaltelolco. En su trayecto se construyeran, a partir de 1675, los monumentos
correspondientes al la devoción del Rosario, lo que dio origen a su nombre
actual: Calzada de los Misterios. Cada uno de ellos, proyectados por Cristóbal
de Medina y terminados en fina cantera, posee relieves con los temas de la Pasión
de Cristo denominados “Gozosos”, “Dolorosos” y “Gloriosos”, faltando por construir
varios de estos últimos. Hoy existe el proyecto de restaurar estos monumentos,
castigados por el tiempo y el descuido y agregar los faltantes con obras de artistas
contemporáneos.
La afluencia de peregrinos a la Basílica, siempre en aumento, llevó
a construir una vía paralela en 1791, llamada precisamente Calzada de Guadalupe
y que permitió un mejor tránsito a la recién nombrada Villa
a fines del siglo XVIII.
La antigua Basílica
La tradición involucra un milagro y un santo: Las apariciones de la Virgen
a San Juan Diego y una imagen apocalíptica en la figura estampada de una tela.
Estos hechos, que calaron primero en la fe de los indígenas del siglo
XVI, fue fascinando la imaginación de los criollos multiplicando su imagen
hasta convertirse en fenómeno nacionalista.
En el costado norte de la explanada llamada de las Américas se encuentra la
iglesia que alojó la imagen guadalupana desde principios del siglo
XVII hasta 1976, cuando se concluyó la nueva.
Este edificio no es, por su puesto, el que promoviera fray Juan de Zumárraga
mediando el siglo XVI, pero sí se encuentra en el mismo sitio. El monumento
que hoy vemos se atribuye a Pedro de Arrieta, correspondiendo al denominado “barroco
rico”, caracterizado por el empleo de materiales diversos y recursos ornamentales
refinados. Lo más destacado del edificio son sus tres cuerpos construidos
en piedra volcánica rojiza (tezontle) y su cuatro esbeltas torres con cupulines
cubiertos de azulejo.
El interior no es visitable, por sus severos daños estructurales, sin embargo,
hay que destacar que se trata de un templo de tres naves, de planta en cruz latina,
crucero con cúpula cubierta en el exterior por mosaico veneciano.
El edificio de la Colegiata, que destaca por su masividad y gusto clásico
enmarca la llamada plaza de las Américas, llena de vendedores y basura.
Culto masivo
La nueva Basílica es un proyecto de los arquitectos Pedro Ramírez Vásquez,
Alejandro Schoenhofer, fray Gabriel Chávez de la Mora y Javier García
Lascurain. El enorme espacio interior creado por este edificio busca alojar a miles
de peregrinos, permitir el oficio de ceremonias múltiples y exhibir la imagen
guadalupana de manera permanente, aún durante los oficios.
Para estos propósitos el edificio tiene una planta circular cubierta por una
gran cúpula en forma de manto sostenida sobre un gran edificio desplazado
del centro. Es allí donde se exhibe la venerada imagen, visible desde cualquier
punto del templo, pero sobre todo a sus pies, donde corren unas bandas eléctricas
de desplazamiento colocadas atrás del altar.
Este elemento contemporáneo se suma al uso de mármol y maderas en trazos
geométricos, y a las lámparas votivas que cuelgan de la techumbre.
La luz, por su parte, penetra desde las puertas en el círculo exterior y por
los vitrales superiores creando un ambiente propicio al culto.
El recinto permite el ingreso de hasta 20, 000 personas, pero en las ceremonias magnas,
la explanada se convierte en una capilla abierta para más de 40, 000 asistentes,
gracias a un balcón central exterior que surge de la base de una enorme cruz.
Tal fue el caso de las misas celebradas por el Papa Juan Pablo II en 1979 y en 1998.
La Guadalupana en el mundo
Así, como en otros sitios la tradición prehispánica del baile
como culto se recrea, aunque de manera folclórica, en el atrio.
Por su parte, los Jesuitas expulsados de Nueva España
y los mexicanos empujados por la pobreza a los Estados Unidos se han llevado su orfandad
a los altares de París, Roma, Los Angeles, San Francisco Ca. y a no menos
bardas, camisetas, veladoras y cromos que pueblan el mundo chicano.
Todo viajero es un peregrino y la oportunidad de hacer una visita a un santuario
como el de la guadalupana revive los lazos que de manera involuntaria nos unen al
misterio.
Desde el Centro Histórico tome la Línea 3 del Metro Hidalgo
y transborde a la línea 6 en Deportivo 18 de Marzo a la siguiente estación:
La Villa Basílica. Camine dos cuadras llenas de gente, autos y vendedores
hacia el norte.
Desde la Zona Rosa puede tomar un autobus en la avenida Reforma con dirección
a La Villa. Tenga cuidado con los taxis.
[Paseo de la Reforma]
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